Amados hijos de Yo Soy
La vida sigue su curso en su lenguaje claro y preciso, es la vibración del nuevo tiempo, que marca el gran Sol Central para todo el Cosmos.
Esta pulsación resuena en cada ser vivo, para marcar un ritmo, es el compás del Orden Divino, que ordena el todo y cada parte del universo infinito.
Nada escapa a la mente universal, por lo tanto no teman, no se preocupen de cosas banales, sólo ocúpense de amar, pues cada día tiene su afán.
Cada acontecimiento obedece a una orden, un Mandato Divino que señala también los umbrales del nacimiento y de la mal llamada muerte en la continuidad de vidas de todos los seres que pueblan el Cosmos infinito.
El renacimiento es la oportunidad que entrega el Padre a sus hijos amados, para permitirles las veces necesarias adelantar en el sendero del amor.
Es la oportunidad de trascender para ser parte del Edén y tomar conciencia de que todos somos uno en la Corte Celestial.
Todos somos almas revestidas de la misma dignidad y precisamos encarnar de reyes o mendigos sólo para aprender las lecciones que nos otorgan Libertad.
Cada uno a lo suyo, para poder enmendar, cada uno es responsable de su propio bienestar, dejen de gobernar a los otros, pues el Cristo interno rige la vida de cada uno y de todos los demás.
Recuerden que son parte de una poderosa Red de amor y protección que les ayuda a sortear los obstáculos porque por libre albedrío optaron por servir a la luz y esa misma luz les protege de interferencias si mantienen cerrada “la puerta donde se halla el mal”.
El mal es como una fiera encadenada si se mantienen distantes no les puede tocar.
Recuerden que también están en pruebas y la más difícil es el desapego que deben practicar en sus relaciones familiares. Muchos de ellos deben partir para bien de su alma y evolución. Necesitan prepararse para renacer en la nueva Era. Son hermanos de encarnación y todos los humanos son sus hermanos.
No dejen que el ego los envuelva en lamentaciones que les impiden asentarse en la verdad de que la muerte no existe. Está bien expresar y dolerse del apego, pero luego volver a sonreír sabiendo que está todo en Orden Divino.
Sientan nuestro amor y compañía. Graben esta frase en su corazón: “siempre estaremos con ustedes”.
Reciban nuestra bendición amados servidores.
Maestro Hilarión

